Mago de formación, Dante nunca fue bien visto en las convenciones de ilusionistas pues criaba una subespecie de conejos con narcolepsia crónica y proclives a la muerte súbita por ataques de pánico. Luego de vagar por otros oficios menos glamorosos, el ex mago encontró solaz en la luz a través de la lente pues al menos allí los conejos sobrevivían. Su carrera despegó una vez que la emergencia en una sesión fotográfica le obligó a invocar cosas extrañas del viejo sombrero de copa, como un paquete de pilas doble AA.Actualmente prepara la exhibición “Naturaleza muerta con conejos” y busca constantemente su varita mágica. No sabe dónde la dejó.